jueves, 16 de diciembre de 2021

 El Vuelo de Las Alondras.  cuento

Alonso por primera vez sentía que el corazón le latía fuertemente, miró a todos lados pero no se percató de una mirada atenta de una preciosa alondra parada sobre una de las ramas del viejo roble, que batiendo sus alas quería decir algo; asustado por la presencia inesperada del ave, se quedó atónito y pudo escuchar el murmullo de varias aves ahora y que seguían llegando a posarse en las ramas extendidas de aquel árbol que habría visto desde que tenían uso de razón, Pero ahora veía que se iba llenando de la misteriosa actitud de aquellas aves que se mostraban alborotadas, con sus crestas erizadas; asustado, corrió hacia el cobertizo de la casa y se refugió debajo de una escalinata de madera y mirando por una rendija, veía que el viejo árbol de roble se iba llenando de muchas aves de color gris - marrón que hacían contraste con el verdor de las hojas del árbol; se preguntó que podía estar pasando y salió, cautelosamente del escondite, cuando el sol se iba ocultando paulatinamente por el horizonte, llenando la escena de un color rojizo intenso, que las alondras alborotadas formaban, con sus trinos un solo concierto de sonidos; Era un atardecer majestuoso que se tornó de inmediato sombrío por la amenaza de lluvia que las alondras se encargaron de presagiar y absorto miraba lo acontecido pero no salía de su asombro todavía, en eso escuchó la voz de su madre que lo llamaba Alonso! Alonso!, ven a guarecerte, no vez que se acerca la tormenta?. En eso una ráfaga de viento con lluvia cayó sobre el lugar, Alonso ahora mirando desde la ventana de su cuarto veía como los nidos de las alondras caían al suelo y con ellos los polluelos que clamaban a su madre, entonces, es que Alonso salió corriendo a través de la lluvia, para recoger uno a uno los polluelos, colocándolos en una canasta que llevaba en su brazo izquierdo y los cubría con una manta; empapado de lluvia y con la canasta llena regresó a la vivienda y acercándose a la chimenea que había comenzado a dar calor, depositó allí su apreciado rescate. Los polluelos piaban sabiéndose protegidos, el estruendo de los rayos que caían esa tarde iluminaba el paisaje que comenzaba a oscurecer y el viejo roble majestuoso, se veía imponente cada vez que los relámpagos iluminaban el cielo y a su enorme follaje, luego llegó la noche. Alonso caía rendido en el regazo de su madre que no podía creer en la proeza de su hijo de haber rescatado a esas indefensas criaturas, que ahora se encontraban ante el calor que les proporcionaba la chimenea; Subió a su dormitorio en brazos de su madre, pues yacía profundamente dormido, quedó allí, como si miles de ángeles estarían velando su sueño.

Los primeros rayos de sol asomaron por la ventana iluminando el dormitorio de Alonso y despertándose de inmediato, solo atinó a preguntarse ¡¡¡¡ los polluelos? Y de un salto estuvo en pie para ir en busca de su preciado rescate , bajando presuroso cogió la canasta, se dirigió al viejo roble en busca de las demás alondras pero no halló a ninguna , desalentado retiró la manta que cubría esta y salieron volando todos los polluelos que con sus pequeñas alas emprendieron vuelo ante la atónita mirada de Alonso que una vez más sintió el mismo asombro del día anterior. Una nueva bandada revoloteaba en el cielo azul de ese día maravilloso; había sucedido un mágico acontecer del viejo árbol de roble.

Autor: Ernesto Castillo Tafur





























































4.- La Mariposa Que No Quería ser Bella.

Erase una mariposa de grandes alas y vistosos colores , quizás sería una reina la que habitaba en ese prado, me impresionó grandemente por los dibujos vistosos de sus alas formando figuras antropomorfas, con vistosos colores que combinaban con el cuerpo y la hacían tan bella su gracioso batir de alas. Cuando se posó en una flor y me dijo: --señor me puede escuchar un momento? me encuentro en este mundo sin poder comprender, porque tengo estas alas tan horrendas que marcan mi corta existencia, soy objeto de una persecución incesante que todos quieren cazarme y obtenerme como un trofeo, o ponerme en un vidrio; expertos cazadores me vienen persiguiendo sin cesar, no alcanzo a comprender tal actitud seguramente por lo vistoso de mis alas, pero solo es una ilusión lo que despierta tal cacería – me dijo- con una malla grande soy amenazada cada vez que me poso sobre una flor, mi misión es transportar el polen para que las flores se reproduzcan, pero esa misión no lo puedo realizar, debido a la belleza de mis alas, es que estoy en constante peligro, siempre tengo que huir y esconderme , pero aún así la astucia de los “cazadores de mariposas” triunfan en su cometido.-

En ese momento de coloquio, se apareció otra mariposa debido a la inmensa cantidad de flores de ese prado y vi que conversaban muy amigablemente, parecía que se conocían, se comunicaban, pues sus antenas se movían muy graciosamente y sentí que me miraban con algo de coquetería y que agitaban sus alas muy suavemente en señal de amistad. Yo me encontraba consternado con esos hechos, y en ese momento se me acercó la de las bellas alas y como queriendo susurrarme en el oído, sentí su mensaje; quería que la siguiera, y así fue; ella revoloteaba muy alegremente señalándome el camino que de vez en cuando se me acercaba, para cerciorarse que la seguía y por fin llegamos a lo que parecía una especie de cueva, que con asombro se reunían cientos de estos bellos ejemplares .Casi escondido el lugar y pegadas en las paredes, formaban una sabana de gran belleza, deslumbrante de múltiples colores y que hubiera sido el deleite de los “cazadores de mariposas”.

Mi amiga la mariposa de bellas alas, desapareció en ese momento entre el manto de colores, Yo me alejé del lugar pensando en lo inverosímil que me estaba sucediendo, pero volví la cabeza y la encontré revoloteando a mi alrededor, me había convertido en su amigo, y se posó en mi brazo a la altura del antebrazo que lo había extendido me la acerque, y la quedé mirando, sentí su mirada de complicidad, pues me había revelado el escondite y donde pernoctaban todas las mariposas de ese prado. Parece que sentí algo, de que no debía revelar el secreto, pues, me consideraban su amigo; comprendí de inmediato que debía guardar el secreto y me fui.

Volví al día siguiente al prado y no la encontré por ningún lado; regresé al pueblo con ganas de contar a alguien mi experiencia vivida, pero un niño interrumpió mi camino para ofrecerme en venta unos souvenirs creyéndome turista , y me enseñó en una de sus manos una pequeña caja de madera con tapa de vidrio y con varias mariposas muertas pegadas con las alas desplegadas y pinchadas con un alfiler, entre ellas vi con asombro a mi amiga, ella con su espectacular belleza, con aquellas grandes alas desplegadas, llenas de color y de figuras antropomorfas, con los ojos brillantes, pero con la mirada perdida, había sido presa de un “cazador de mariposas”.



































5.- La Travesía de Juanito Para Llegar a la Escuela

Juanito, era un niño de 10 años que recorría todos los días el camino agreste de su pueblo para ir a su nueva escuela, con suma alegría había decidido asistir pero la distancia que había de su casa no era obstáculo para caminar; sin embargo ese día, el rio había crecido demasiado, haciendo imposible su cruce. Tal situación complicaba su asistencia, su pequeña figura no le permitía tomar riesgos que la madre naturaleza le ponía como obstáculo; meditando frente al rio con mirada triste, con los libros y cuadernos en una mano y en la otra los lápices y colores que le había entregado su maestra. Recordaba que le había dicho: -Juanito, es muy importante tu asistencia a esta escuela tu tenacidad es un ejemplo para todos, te entrego estos útiles para tus estudios- luego Juanito fue ubicado al aula del 2ª grado en el que había sido evaluado por la profesora, para saber el estado de su nivel escolar.

Pero Juanito parado frente al rio no podía llegar a la escuela, hacía falta un puente para cruzarlo, ¿Qué está pasando en su pueblo? se preguntó: Este era uno de los males de siempre, solo que él no se percataba de este problema, caramba! dijo, luego percibió que se acercaba un señor, llegando a reconocerlo era el vecino de doña Victoria que vivía a unas cuantas chacras más arriba y era el señor el que los espantaba de su huerta a él y sus amiguitos, - ahora ellos estarán en clase y yo parado aquí como un zopenco- El señor que llegaba le dijo: - Oye, niño que haces aquí, te he visto desde la otra colina y sigues parado mirando a la otra orilla, estas dormido o qué? Preguntó, yo un poco asustado por sus palabras y el timbre de su voz igual, a la que nos solía arrojar de su chacra , cuando entrabamos a su chacra y le robábamos sus paltas, le dije - señor no estoy dormido, solo miro la otra orilla por qué no puedo cruzar el rio por que está más caudaloso que de costumbre -, Es cierto niño”, me dijo sin reconocerme por las travesuras que hacíamos con mi pandilla; caramba que contrariedad, que este rio haberse puesto tan caudaloso y en esta época, es un verdadero problema dijo el señor, parado junto a mí, se rascó la cabeza inclinando un poco el sombrero ( raído y descolorido que un día fue negro) sin sacárselo que me causó un poco de risa su actitud tan pintoresca, me preguntó si sabía nadar, y le respondí que no, volvió a decir caramba!, caramba! y lo escuché susurrar para sí: “estos ineptos de autoridades no han visto este problema para solucionarlo, solo se aparecen por acá en época de elecciones para conseguir votos y luego desaparecen , pues que van a venir!!! Que les importará el…….

¿Cómo te llamas me preguntó? Juanito Carranza , respondí , me imagino que vas a la nueva escuela de Veintemilla , si señor le respondí; pero hijo ya es muy tarde para ello ; no creo señor, si pudiera cruzar este rio podría llegar un poco tarde, quizás, antes del recreo, Siendo así Juanito, esto no es problema me dijo, yo te ayudaré a cruzarlo y arremangándose el pantalón de bayeta negro, ajustando su faja a la cintura y escupiendo en las dos manos frotándolos para darse energía me dijo: tienes que subirte a mis hombros , pero cuidado con mi sombrero , niño. y cruzaremos este rio, agárrate fuerte y no me tapes los ojos con tus libros. Así, cruzamos el rio con sumo cuidado. Agradecí a este señor que me ayudó, pero quien ayudará a las demás personas que no pueden cruzarlo, yo no sé, de repente soy muy chico para pensar en soluciones que deben efectuar los mayores, así como susurraba el señor, habrá autoridades, pero lo malo es que nunca están presentes





Autor: Ernesto Castillo Tafur



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